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Es la Virgen del Pilar la que más altares tiene, pues no hay pecho aragonés, que en su fondo no la lleve.
La imagen de la Virgen es una escultura de madera de cedro, de 38 cm. de altura,
dorada y policromada que con el tiempo se ha patinado, perdiendo en gran parte estas cualidades.
Quedan restos de encarnado en rostro y manos, pero debido al bermellón empleado por el artista,
y por una reacción química, las partículas metálicas han oscurecido la madera,
con la contribución del humo de las velas del culto.
La cabeza, luce una pequeña corona tallada dispuesta sobre el manto,
que cayendo sobre la espalda, es recogido por la mano derecha de la Virgen en su extremo
izquierdo. Bajo el manto, túnica interior cerrada hasta la garganta con botones que bajan
hasta el alto talle (típico de la escultura borgoñona de ese momento) que se ciñe con una correa.
En su brazo izquierdo sostiene al Niño, con las piernas cruzadas, portando este un pájaro en
la mano izquierda, mientras la derecha se aferra al manto de su Madre.
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